Llevaba muchos años queriendo visitar este Parque Nacional tan conocido, pero por una u otra razón siempre posponía el viaje. Siendo piloto, puedo afirmar que sobrevolar los Pirineos y navegar entre sus valles es una delicia. Contemplar desde el aire la inmensa riqueza natural que atesora esa sucesión de riscos escarpados, encadenados con valles amplios o estrechos pero siempre preñados de una vegetación muy generosa, es un espectáculo magnífico.

Mapa Valle de Tena, donde se aprecia el desvío al Parque y alguno de los pueblos que se mencionan en la entrada

Siendo así, alguien podría pensar que la impresión al conocer la zona desde tierra no será tan grande, pero se equivocaría. La aproximación a Los Pirineos viniendo desde Madrid es emocionante porque ves como la naturaleza crece y se eleva progresivamente, hasta levantar un muro grandioso detrás del cual está Francia.

Los Pirineos, desde Piedrafita de Jaca

Son muchos los valles que uno puede tomar para cruzar la cordillera o acercarse a sus cumbres, y nosotros elegimos el Valle de Tena, que acoge al río Gállego, un valle bastante conocido porque es el que lleva a los esquiadores a la famosa estación de esquí de Formigal o a los también muy conocidos Baños de Panticosa, con su afamado balneario de aguas termales y su estación de esquí, ésta de menor tamaño.

Complejo turístico y Balneario de Baños de Panticosa

Recorriendo el Valle de Tena asciendes desde los 600 metros hasta los 3000 metros de altura. La subida discurre por una agradable carretera que linda con el río Gállego, con unas vistas espléndidas de los montes que lo flanquean y sus frondosos bosques de hayas, abetos y pinos.

Laderas con cascadas vertiendo agua al río Gállego en Panticosa

La localidad capital del valle es Sallent de Gállego, un pueblo típico pirenaico que se encuentra ya muy próximo a la frontera con Francia. No tiene muchos habitantes, pero conserva edificios y construcciones del siglo XVI, como el denominado Puente Romano sobre el río Gállego. Recorrer sus plazas y calles en pleno mes de julio, escuchando el discurrir del rio, es una delicia, pero las construcciones delatan que los inviernos deben ser realmente crudos, habitualmente con nieve.

Ayuntamiento de Sallent de Gállego
Puente Romano, en Sallent de Gállego

Contemplar el transcurrir del río es ya de por sí atractivo. A esas alturas, no es un río muy amplio o caudaloso, pero sí es un río bravo y muy fresco, de los que invita a acomodarse en una de sus orillas y pasar el día disfrutando de la naturaleza. Además, el río conforma lagos naturales de una belleza espectacular, como el de Panticosa, o embalses hidrográficos como el de Lanuza o el de Bubal, al lado de Piedrafita y Tramacastilla. A esta zona del Valle le dedicaré otra entrada.

Lago de Panticosa

El embalse de Lanuza toma su nombre del pueblo más importante de la zona, que tuvo que ser inundada para su formación en la década de los 70. Nos escapamos brevemente para conocer la parte del pueblo que fue rescatada de ser sumergido, y hay que reconocer que la arquitectura de sus casas de piedra y pizarra, y su proximidad al embalse, le confiere un encanto especial.

Embalse de Lanuza
Lanuza pueblo

Pero el espectáculo grandiosos comienza cuando te desvías del Valle en el pueblo de Biescas y recorres la carretera que te lleva a Torla, acceso al Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido. Torla es un bonito pueblo aragonés que merece la pena visitar, y nosotros decidimos hacerlo para finalizar la excursión al Parque, comiendo en el renombrado restaurante El Duende.

Rincón de Torla, con el famoso restaurante El Duende.

La entrada al parque se encuentra en la Pradera de Ordesa, lugar de partida de algunas de las rutas de senderismo más famosas de España. Pudimos acceder con coche, y una vez aparcados en la Pradera, comenzamos la ruta de la Cola de Caballo, disfrutando de un paisaje extraordinario, rodeados de arboles y agua por todas partes.

Pradera de Ordesa, con el Monte Perdido al fondo
Pared norte del valle de Ordesa, Pico de Mondarruego

El recorrido nos llevó por una senda amplia y poco pronunciada, que va bordeando el río Arazas, subiendo poco a poco hacia el Monte Perdido. El valle de Ordesa se va estrechando paulatinamente, y en ciertos puntos tiene miradores que permiten disfrutar de vistas esplendidas de las cascadas que forma el agua del deshielo, abriéndose paso entre la montaña.

Puente sobre el río Arazas

Las cascadas más accesibles de visitar son la de La Cueva y la del Estrecho, y merece la pena desviarse del camino para acceder a sus miradores y contemplar la belleza del lugar. El espectáculo es grandioso, y uno desearía poder quedarse allí horas y horas, pero la afluencia de gente no lo permite.

Cascada de la Cueva
Cascada del Estrecho

Pero simplemente pasear en un paraje tan frondoso, y con el sonido ambiente de una naturaleza tan exuberante, se convierte en una experiencia agradabilísima. Los bosques tan poblados llegan hasta alturas de 2000 metros y debe ser un espectáculo único adentrarse en ellos en otoño, cuando el color de sus hojas se torna rojizo.

Frondosos bosques de hayas, pinos y abetos

El recorrido ascendente permite apreciar cómo la vegetación va cambiando con el ascenso, adaptándose a las condiciones de humedad y temperatura cambiantes, hasta desaparecer por completo en las cimas de más de 3000 metros de altura. Allí arriba, es fácil adivinar que la nieve perpetua y el hielo suelen dominar el paisaje, y comprender por qué se habla de geografía glaciar, con los típicos circos y valles glaciares.

Impresionantes riscos, donde se aprecia la vegetación cambiante

El Parque Nacional de Ordesa fue declarado Reserva de la Biosfera en 1977, y en 1998 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Ambos títulos honran este entorno grandioso, que debería ser conocido y apreciado por todo aquel que se considere ciudadano español. La belleza alpina de estos sitios es única, y contrasta con la de otros parajes muy diversos de la geografía española, contribuyendo a hacer de España un país simplemente maravilloso.

Tramo alto del Valle de Ordesa, con el Mondarruego al fondo
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1 Comentario

  1. Loreto Raimundo noviembre 16, 2020 at 11:32 pm

    Me ha encantado el Valle de Ordesa, Luís y yo estuvimos cerca fuimos a Trama Castilla y Formigal y Escarrillas pero no habíamos visto pueblos tan chulos y tampoco esas cascadas. Me ha gustado mucho Juanky!!

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