El Parque de Ordesa tiene multitud de rincones que merece la pena conocer, con formaciones geológicas únicas y una riqueza paisajista muy abundante. Hay muchísimas rutas de senderismo, de todos los niveles de dificultad, que te permiten disfrutar de una naturaleza tan desbordante. Nosotros escogimos dos rutas que aun siendo sencillas y muy conocidas nos permitieron gozar del entorno por unas horas.

Mapa

El Cañón de Añisclo es uno de esos lugares que impresiona. Desde que uno toma la carretera que le conduce allí, se percata de la grandeza de la naturaleza. La estrecha carretera, de unos 13 km de recorrido, va paralela al río Bellos, que nace en el Monte Perdido y es el causante de este magnífico desfiladero.

El río Bellós, encajonado

La carretera nos llevó a una zona de aparcamiento donde pudimos dejar el coche y comenzar a pie una ruta circular muy sencilla. La ruta se inicia con el cruce de un puente antiguo sobre el río, desde el cual se puede apreciar la profundidad del cañón, para a continuación llegar a la Ermita de San Urbez.

Ermita de San Urbez

La Ermita no es gran cosa, pero es excepcional su ubicación y, sobre todo, saber que se encuentra allí desde el siglo VIII. Como luego veremos, da la impresión de que los Pirineos fue uno de esos lugares elegidos por los ermitaños para retirarse.

Interior de la Ermita

Desde la Ermita, el sendero desciende hasta el río Bellos, a una zona de remanso, donde confluyen el río Bellos y el río Aso, en la que se puede disfrutar de unas vistas maravillosas. Siendo el mes de Julio, la temperatura ambiente es perfecta, pero el agua está fresquita.

Remanso del río Bellós

La abundante vegetación, encajonada en unas gargantas tan profundas, es lo que más llama la atención. Parece mentira como en paredes tan escarpadas puede crecer tanta arboleda, aunque es fácil comprender que se debe a la perpetua alimentación de agua de los ríos formados por el deshielo del Monte Perdido.

La vegetación es propia de otras latitudes
Puente sobre el Bellós

Porque, cruzando nuevamente el río Bellos, la ruta continua por el barranco del río Aso, hasta llegar a un mirador desde el cual se ven unas bonitas cascadas. Por supuesto, el lugar se presta a realizar actividades como el barranquismo y la verdad es que con un entorno así, es una opción muy atrayente.

Desfiladero del río Aso, con gente haciendo barranquismo
Otra imagen del Cañón de Añisclo

La segunda ruta de senderismo, la de las Ermitas de Tella, es más histórico-cultural que deportiva, pero como se encuentra a las puertas del parque , también te permite disfrutar de unas vistas espectaculares.

Ruta de las Tres Ermitas

Tella es un pueblecito pirenaico, con muy pocos habitantes cuyas casas se distribuyen solamente a lo largo de una calle principal y otra paralela, de una longitud inferior a doscientos metros. Dicen que sus orígenes se remontan al primer milenio, aunque no se sabe con exactitud el año. Lo cierto es que está enclavado en una zona privilegiada, con unas vistas maravillosas del Pirineo y del valle por el que discurre el río Cinca.

Vistas desde el pequeño pueblo de Tella

Tella es un pueblo que está muy relacionado con la brujería. La verdad es que la provincia de Huesca en su conjunto considera la brujería y la magia como algo muy propio, como rasgos identitarios de la zona. Y se dice que la relación de Tella con la brujería es la que llevó a construir una serie de ermitas a su alrededor que le sirvieran como escudo protector.

Al fondo, el pueblo de Tella, con la ermita que está más al este

La senda que sale del pueblo nos lleva en un suave ascenso hasta alcanzar la primera de las tres ermitas, la de los Santos Juan y Pablo. Es una ermita pequeña pre-románica, con un bonito ábside de herradura, que data del siglo XI. Las vistas del conjunto, con la Peña de San Juan o el Puntón de las Brujas tras ella, le confieren al lugar un aire propicio para alimentar la leyenda de los aquelarres de brujas.

Ermita de San Juan y San Pablo, con el Puntón de las Brujas detrás

Las vistas desde allí son magníficas, sobre todo mirando hacia el norte, donde al fondo se divisa el Monte Perdido y se vislumbra el Cañón de Añisclo. Aun en verano, se observan contrastes en los colores de la naturaleza circundante que, junto al azul de un cielo limpísimo, pintan un escenario de contemplación muy bello.

Maravillosas vistas del Parque de Ordesa

La senda nos conduce después a la Ermita de la Virgen de las Fajanillas, pero antes de visitarla tomamos otro camino que nos llevó a la Ermita de la Peña. Esta es la más sencilla de las tres, románica también aunque ya tardía (siglo XVI), nada especial. Sin embargo, desde allí hay un mirador que permite disfrutar de unas hermosas vistas. Merece la pena acercarse.

Ermita de la Virgen de la Peña
Vistas desde el mirador de la Peña

La Ermita de Nuestra Señora de Fajanillas es la más moderna de las tres. Como las otras, también muy sencilla, tanto en el exterior como en su interior, aunque este cuenta con una capilla que por el exterior se convierte en torre. También quedan restos de un pórtico que predecía la entrada.

Ermita deNuestra Señora de Fajanillas

En definitiva, la ruta de las ermitas nos ofreció la posibilidad de realizar un recorrido muy agradable en plena naturaleza, disfrutar de unas vistas espectaculares e introducirnos en la historia y leyendas de la zona. Muy recomendable.

Otra imagen de la Ermita de Fajanillas
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