Tras haber visitado Budapest y Viena en 2015, mi viaje a Praga era obligado, para completar el conocidísimo triangulo imperial. Fuimos en octubre de 2018 y estuvimos tres noches, en una buena época del año para visitar Centroeuropa, cuando la temperatura todavía se mantiene en valores aceptables.

Mapa de las ciudades del triangulo imperial

Como las otras dos ciudades, Praga se ubica en la ribera de un caudaloso río, el Moldova. Es una ciudad con muchísima historia, que comienza a tomar relevancia en el siglo IX, probablemente por razones comerciales, dada su localización en el corazón del Sacro Imperio Románico Germánico. El centro histórico de la ciudad fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 1992.

La Ciudad Vieja de Praga, con el Puente Carlos y su famosa torre en el centro

Comenzamos la visita a la ciudad haciendo un tour guiado que nos llevó por las zonas más famosas del centro. La plaza de la Ciudad Vieja fue el punto de encuentro desde donde partimos, y la verdad es que es sin duda el punto más turístico de esta zona de la ciudad. Es donde se encuentra el Ayuntamiento, con su famosísimo reloj astronómico en su fachada lateral, el más antiguo de su tipo en Europa (1410).

Reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga

En esa misma plaza está la iglesia más característica de Praga, después de la Catedral. Se trata de la Iglesia de Tyn, una iglesia de estilo gótico que data de los siglos XIV al XVI, con dos torres de 80 metros con agujas que recuerdan a castillos de fantasía. Es sin duda uno de los emblemas de la ciudad. Su interior es más bien barroco, debido a que tuvo que ser reconstruido por un incendio. La Iglesia de Tyn simboliza la lucha entre protestantes y católicos, habiendo cambiado de culto varias veces en la historia.

Iglesia de Tyn, en la Plaza de la Ciudad Vieja

El estilo gótico, tan típico del medievo, es el dominante de esta plaza y sus alrededores. Al lado de la iglesia de Tyn, hay una casa de estilo neo-gótico, la casa Storch, construida en el siglo XIX pero respetando el entorno arquitectónico de la plaza.

La casa Storch, pegada a la Iglesia de Tyn

En el centro de la plaza está el monumento a Jan Hus, un sacerdote y filosofo protestante, que fue rector de la Universidad Carolingia de Praga a principios del siglo XV, y que acabó quemado en la hoguera por defender ideas contra la iglesia católica de Roma. Los seguidores de Hus, los husitas, pueden considerarse los primeros protestantes. Lutero comenzaría su Reforma 100 años después de Jan Hus.

Monumento a Jan Hus, con la Iglesia barroca de San Nicolás a su espalda

En el otro extremo de la Plaza de la Ciudad Vieja está la Iglesia de San Nicolás, de estilo barroco. Aunque su exterior no es especialmente atractivo, en su interior hay mucho arte y elegancia. Es muy luminoso y sus paredes y bóvedas están decoradas por hermosos frescos. La enorme lámpara de cristal central tiene la forma de la corona del zar de Rusia, y fue regalada por el zar Nicolás II.

Nave central de San Nicolás, con la lámpara en forma de corona del zar.
Detalle de los frescos y el órgano de San Nicolás.

Muy cerca de la Plaza se encuentra la Universidad Carolingia, fundada por el rey Carlos IV a principios de 1400, de ahí su nombre. No obstante, esa zona de la ciudad está bastante reformada, con edificaciones de estilo neoclásico o renacentistas, más que góticas o barrocas. Uno de los edificios más famosos es el Teatro Estatal, donde Mozart estrenó su ópera Don Giovanni.

Universidad Carolingia, antiguo dormitorio
Teatro Estatal, con la escultura de la imagen de Don Giovanni en el lateral izquierdo

Continuando hacia el este. se cambia de distrito y nos adentramos en la famosa Plaza de San Wenceslao, patrón de Bohemia, que en realidad es un amplísimo bulevar donde se efectúan mítines políticos y manifestaciones. Es uno de los puntos de reunión durante la Revolución de Terciopelo, el movimiento por la independencia de la URSS a finales de los ochenta. En su cabecera más al este, está en impresionante edificio del Museo Nacional y la Opera.

Museo Nacional Checo

Regresando hacia la Ciudad Vieja, encontramos una torre campanario gótica muy elegante. Se trata de la Torre Jindrisska, perteneciente a la iglesia de San Enrique pero que hoy es más bien un centro comercial, con un restaurante en sus platas superiores.

Torre Jindrisska, cerca de la Plaza de San Wenceslao

Volvemos a encontrar otro elemento gótico muy característico a los pocos pasos, la Torre de la Pólvora. Se trata de una torre defensiva, y era una de las 13 puertas de la ciudad antigua, que aun permanece en pie. A su lado, aparece un edificio de estilo modernista que es un auditorio, la Casa Municipal de Praga.

Torre de la Pólvora, con el edificio modernista de la Casa Municipal a su lado

Y eso nos recuerda que Praga, como ciudad imperial, sobresale también por ser la cuna de grandes músicos, como Dovrack. En ese mismo lugar se encontraba en su tiempo el palacio real de los reyes de Bohemia. Es claramente un enclave cívico-cultural de Praga, con muchos edificios construidos en estilo barroco. En sus inmediaciones, se encuentra el Hotel París, un edificio de estilo neogótico muy elegante, que ejemplifica el buen gusto arquitectónico de la ciudad combinando estilos.

El Hotel París, un edificio espectacular

A unos pasos de allí, nos paramos en una de las iglesias más grandes de Praga, la Basílica de Sant James, de estilo barroco y con un magnífico órgano que data del siglo XVIII que está situado en el coro. Como ocurrió con la iglesia de San Nicolás, el interior, con tres grandiosas naves, es bastante más destacable que el exterior. En él se celebran conciertos de órgano.

Nave central d ela Iglesia de Sant James
Coro de Sant James, con su magnífico órgano

Este elegante barrio linda con el famoso barrio judío de Praga, Josefov, llamado así en honor a José II, que fue el emperador que les autorizó a vivir fuera del gueto. No es muy grande en extensión, pero aun conserva muchas sinagogas y un cementerio, en pleno centro urbano. Todo ello revela el peso de la comunidad judía en Praga y es inevitable recordar la persecución que sufrieron sus miembros cuando Hitler anexionó Checoslovaquia a Alemania.

Sinagoga Española, dicen que la más bonita de las seis del Josefov
Otra de las sinagogas, la Vieja-Nueva, junto a un elegante edificio neogótico

Pero como suele ocurrir, en las proximidades de la ribera del río es donde se ubican los edificios más señalados. Por ejemplo, el Rudolfinum, otro magnífico auditorio y sala de exposiciones que ocupa una construcción de estilo neorrenacentista, en una bonita plaza pegada al río Moldova.

Rudolfinum, uno de los grandes auditorios de Praga

Desde allí, siguiendo la ribera del río, se llega al que es sin duda el punto de interés turístico por excelencia de Praga, el Puente Carlos, que une la Ciudad Vieja con el Barrio Pequeño, o Malá Strana, y el Barrio del Castillo. Este puente del siglo XIV es el más antiguo de la ciudad y en el lado de la Ciudad Vieja tiene una torre gótica que es el símbolo de Praga. A cada lado del puente se encuentran distribuidas estatuas de estilo barroco, que representan a varios santos y santos patronos de Praga.

Malá Strana, con el Castillo arriba, desde la cabecera del Puente Carlos en la otra orilla
El Puente Carlos y sus estatuas laterales. Al fondo, La Catedral y en el centro una de las torres de control de acceso

Es el puente más transitado que haya visto jamás. La acumulación de turistas es tal, y hay tantísimos puestos de souvenir que se hace difícil avanzar. Desde el puente, se tiene una panorámica bastante buena de cada una de las riberas del río, y de la belleza y elegancia de sus edificaciones. Merece la pena acercarse también por la noche, para ver la ciudad y alguno de sus edificios más destacados iluminados, como el Teatro Nacional.

Vista noctruna de Malá Strana, desde el Puente Carlos
Teatro Nacional, en la ribera del Moldava

Cruzando el Puente Carlos entramos en el barrio de Malá Strana, uno de los barrios más antiguos de Praga. El barrio se funda al cobijo del Castillo de Praga, auténtica cuna de la ciudad, y hacia allí dirigimos nuestros pasos. El sistema de transporte público de Praga es excelente, y tomamos un tranvía que nos llevó hasta la cima donde se ubica el Castillo y la Catedral de San Vito.

Castillo de Praga, con la Catedral de San Vito en su interior

El Castillo no tiene una estructura amurallada, con torres y almenas como solemos imaginar, sino es más bien el conjunto de edificaciones palaciegas donde se albergaban los reyes y nobles más destacados de la Bohemia. En el interior del recinto se levantó la Catedral de San Vito, una iglesia de estilo gótico de gran belleza y elegancia, tanto en su exterior como en el interior.

Fachada lateral de San Vito
Interior de la Catedral

Pero también hay otras edificaciones notables, como la Basílica de San Jorge, iglesia de un monasterio benedictino, que es más antigua incluso que la Catedral (año 920). Dimos un buen paseo por el interior del recinto, y nos detuvimos en un callejón denominado Calle Dorada, con casas que fueron construidas en los huecos de la muralla y que estuvieron habitadas hasta el siglo XX. Hoy, son pequeñas tiendecitas y galerías de arte muy pintorescas.

Basílica de San Jorge
La calle Dorada, en el interior del Castillo

Dada la elevación del Castillo, las vistas de la Ciudad Vieja y del Barrio Pequeño son bastante buenas, aunque nosotros disfrutamos de otras estupendas vistas en nuestro segundo día, cuando ascendimos al Parque Letna y nos tomamos un aperitivo en el Pabellón Hanavsky, un bonito edificio de estilo neobarroco que está al lado de la residencia del Primer Ministro checo.

Vistas de la Ciudad Vieja desde el Parque Letna
Pabellón Hanavsky

Desde el Castillo descendimos por unas escaleras para adentrarnos en el Barrio Pequeño, siguiendo calles empedradas con hermosos palacios y jardines a cada lado. Claramente, fue un barrio nobiliario y lo sigue siendo. No debe ser nada barato alojarse en esta zona de la ciudad, que sigue desprendiendo un aroma de exclusividad. El paseo nos llevó a la plaza central del barrio, Malostranke nam.

Panorámica del barrio desde el Castillo

En esa plaza se encuentra la otra iglesia católica de San Nicolás, que es la segunda iglesia de Praga en prelación de culto. Fue construida por los Jesuitas, es de estilo barroco y data del siglo XVII, aunque en su ubicación ya existía una iglesia románica en el siglo XIII. La plaza y sus alrededores es un punto de encuentro muy concurrido, con un mercadillo y múltiples tiendas y cafeterías. Nosotros paramos allí mismo a tomar un helado y descansar un rato.

Plaza de Malonstranke, con San Nicolás al fondo
Zoom sobre Iglesia de San Nicolás, en Malá Strana. Al fondo, la torre del Parque Petrin

Continuamos la visita por Malá Strana adentrándonos en la zona baja más próxima al río. Es quizás la parte más ¨bohemia¨ del barrio, con un bonito parque en la ribera, calles muy limpias y rincones muy románticos. No es de extrañar que las embajadas y consulados se ubiquen aquí.

Una de las plazoletas de Malá Strana, donde se encuentra una oficina consular de España

Esa zona es casi peatonal por lo que hay poco tráfico y bastante silencio. Pero los turistas lo inundan todo; allí mismo, está el muto de John Lennon, un trozo de pared con multitud de grafitis que hacen referencia al famoso Beatle. El lugar es tan visitado porque el muro fue en su día un símbolo de la ansiada libertad de expresión, bajo el régimen comunista.

Muro de John Lennon, símbolo de la lucha contra el comunismo

Cerca de allí está la iglesia de la Virgin Mary under Chain, la iglesia de un monasterio de los Caballeros de Malta o de la Orden de los Hospitalarios de San Juan, con un elegante pórtico gótico, con la Cruz de Malta arriba, flanqueado por dos torres de estilo barroco.

Iglesia de la Orden Hospitalaria de San Juan, con la Cruz de Malta sobre el pórtico gótico

Y unas calles más arriba se encuentra otra de las atracciones religiosas más conocidas y renombradas de Praga, la Iglesia de San Antonio de Padua, con la imagen del Niño Jesús de Praga. Dicen que esta imagen fue tallada en España y que perteneció a Santa Teresa de Jesús. Lo cierto es que es considerada una imagen milagrosa, en especial con las embarazadas.

Niño Jesús de Praga

Otro lugar religioso muy famosos de ese barrio es el Loreto, un convento que es un lugar de peregrinación porque conserva en su interior una réplica de la casa de la Virgen María, donde tuvo lugar la Anunciación. Para llegar hasta allí, hay que subir el barrio, porque se encuentra en lo alto del monte. Se atraviesan calles y plazas con palacios y edificios barrocos de gran elegancia, que te hacen retrotraerte con facilidad a la época imperial.

Convento de Loreto de Praga

Praga tiene muchísimo que ver, y en solo dos días no es posible disfrutar al cien por cien de la ciudad. Nosotros intentamos sumergirnos un poco en su cultura y costumbres, comiendo en restaurantes típicos de mesa corrida o escondidos en soportales de antiguos palacios. Y entramos a ver una función del famoso «teatro negro» de Praga, un espectáculo mudo, que juega con la luz y las sombras creando fantasías.

Casa Danzante, otro ejemplo de la variedad arquitectónica de Praga

Pero me quedé con las ganas de asistir a un concierto o a una ópera, o de realizar una pequeña travesía por el río Moldava, cruzando por debajo de los múltiples puentes que unen la ciudad. Praga es una ciudad antigua con un espíritu muy joven, llena de estudiantes y turistas que alegran sus calles y sus bares y cafés. Sin lugar a dudas, un lugar al que volver.

Panorámica de la Ciudad Vieja desde la otra orilla del Moldova
Los puentes de Praga sobre el Moldava

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