La verdad sea dicha, hasta la fecha en la que fui destinado a Sicilia no había sentido la curiosidad de conocer Cerdeña, aun siendo un destino turístico renombrado. Pero una vez viviendo en Catania, fue fácil encontrar bastante gente que me hablaba bien de esa otra isla; no solo bien sino muy, pero que muy bien. Y me refiero a gente extranjera, italianos y alemanes que conocían bien tanto Cerdeña como Sicilia, y que me recomendaban vivamente hacer una escapada.

Paisaje típico de Cerdeña

Cerdeña es la segunda isla más grande del Mediterráneo, después de Sicilia, y una de las 21 regiones en las que se divide Italia. Tiene también mucha historia, pero en esto también secunda a Sicilia. En lo que destaca, sin embargo, es en su posición como destino turístico, recibiendo más turistas que Sicilia en la época de verano (el resto del año, Sicilia está en cabeza).

Cerdeña (Sardinia), una de las regiones italianas

Precisamente por su tamaño, y teniendo en cuenta que sólo contábamos con una semana, tuve que estudiar a fondo qué área de la isla visitar, con el fin de explotar al máximo el tiempo disponible. Al final me incliné por concentrar la gira en la zona norte de la isla, dado que era el mes de julio y esa es la zona más recomendada para turismo de sol y playa.

Zona norte de Cerdeña

Castelsardo

Solo contábamos con una semana de vacaciones, así que seleccioné lo mejor que pude las playas, lugares y atracciones turísticas que visitar en esa zona norte. Y en función de la distancia a las mismas, elegí como lugar donde establecer nuestro alojamiento la ciudad de Castelsardo.

Castelsardo, con su castillo arriba

Castelsardo es uno de los pueblos sardos más destacados, y debe su nombre al castillo medieval alrededor del cual nació la ciudad. El castillo perteneció a la familia Doria, nobles genoveses que dominaron la isla por varios siglos. Data del siglo XI.

Imagen del castillo tomada desde la Plaza Nueva de la ciudad
Interior del Castillo de Castelsardo

Está en la cima de la montaña, asomado al mar hacia el norte por un acantilado, y en sus falda sur se establece el barrio más antiguo de la ciudad y alguna de las iglesias más emblemáticas, como la iglesia de San Antonio Abad.

Vistas al norte del Castillo
Vistas de la Iglesia de San Antonio Abad

La subida al castillo, en pleno mes de julio, es laboriosa pero es la forma de obtener las mejores vistas del pueblo, así como del mar y de sus playas. Desde el interior del castillo, asomado a sus murallas, se descubren bonitas estampas.

Iglesia de San Antonio
Vistas de la ciudad antigua, desde el Castillo

Castelsardo tiene una coqueta playa en la misma ciudad, no muy grande pero suficiente para darse un remojón rápido al atardecer. Eso fue lo primero que hice tras alojarnos en el apartamento, que estaba situado en el centro del pueblo, mirando al castillo.

Playa de Castelsardo

A solo dos kilómetros al norte hay una playa más grande y larga en la que también nos dimos un baño. Comparativamente, Lu Bagnu fue la peor playa en la que nos bañamos, porque la entrada al mar presentaba algunas piedras, pero aun así el agua estaba cristalina y a una temperatura fantástica.

Playa de La Madonina, en Lu Bagnu

La ciudad es pequeña y tranquila, aunque el turismo veraniego desborda su capacidad. La demanda era elevada para conseguir una reserva hasta en los restaurantes más renombrados. Pero nos ofrecía la ventaja de estar equidistantes de la costa este y oeste de la isla.

Amanecer desde Castelsardo

En las proximidades a Castelsardo, pegado a una carretera de acceso, hay una formación rocosa muy característica, conocida como la Roca del Elefante. Debe su nombre a la forma que adopta ese peñasco de casi cuatro metros, erosionado por los agentes meteorológicos a lo largo de los años.

La Roca del Elefante

Stintino, La Pelosa y el Parque de la Asinara

El primer destino de nuestra gira fueron las playas de Stintino, un pueblo al noreste de la isla que se ubica en el Golfo de la Asinara y alrededor del cual se encuentran muchas buenas playas de la Cerdeña. La arena de estas playas es de color blanco, lo que permite al mar destacar sus colores verde esmeralda y azul cristalino en muchas zonas.

Detalle de la calidad de las aguas del Golfo de Asinara

La playa más famosa de la zona es la de La Pelosa, sin duda la más conocida hasta el punto que no pudimos ir a ella ya que era necesario reservar y las plazas estaban agotadas desde hacía semanas. Así que adaptamos nuestros planes y decidimos bañarnos en otra playa y coger un barquito para hacer una excursión que nos llevara a las aguas de La Pelosa y a las de isla de la Asinara.

Vistas de la Playa de La Pelosa, totalmente ocupada

La playa escogida fue la de Las Salinas, una playa que no era de arena sino de piedra blanca fina y que, a pesar de una primera buena impresión, no terminó de complacernos porque tenía bastantes algas en la orilla. No obstante, el agua estaba muy limpia y el baño fue agradable.

Playa de Las Salinas
Vistas de Stintino desde la Playa de Las Salinas, donde se pueden apreciar las algas

Después nos acercamos al pueblo de Stintino a comer algo, antes de embarcarnos en la lancha que nos llevaría a conocer las aguas del Parque Natural de la Isla de Asinara. La barca la compartimos con una familia italiana (siciliana, precisamente) y la excursión duró unas tres horas y media.

Una excursión en barco muy recomendable…

La experiencia fue muy positiva, porque el paseo nos permitió divisar la playa de La Pelosa y los islotes e islas colindantes, así como conocer un poco sobre la geografía e historia de esa zona de la isla y disfrutar de un magnífico baño en las aguas azules del Golfo de Asinara.

Torre de la Pelosa, en un islote próximo a la playa
Zona de baño, con el flotador desplegado

Capo Testa, Santa Teresa de Gallura y la playa de Li Cossi

Al día siguiente dirigimos nuestros pasos hacia el oeste, concretamente hacia el Cabo Testa, uno de los puntos geográficos de la isla más próximos a la isla francesa de Córcega. Efectivamente, desde allí era posible divisar Córcega, pero la razón principal de acercarnos fue la de contemplar las formaciones rocosas tan características de esa parte de la isla, así como alguna de sus calas más renombradas.

Vistas del litoral desde Capo testa, con la Playa de Cala Spinosa al fondo

En Capo Testa, el mar y el viento han ido transformando el paisaje a base de erosionar la roca granita que conforma el terreno. Las grandes piedras redondeadas adoptan formas curiosas muy variadas y llamativas, pero es el conjunto que conforman la vegetación, las piedras y las playas lo que le confiere a este lugar un sabor especial.

Formaciones rocosas de Capo testa, con la isla d Córcega al fondo
Otra formación rocosa curiosa
La roca con forma de «ballena»

Hicimos también una parada en una de las playas de Santa Teresa para tomar un baño, una playa familiar ideal para niños y que, a pesar de estar llena, tenía un agua transparente y cristalina, y a una temperatura perfecta. A pesar del turismo, la playa mantiene un aire «salvaje» que la hace muy agradable a la vista.

Playa de los Dos Mares, lado de Levante
Las aguas cristalinas causan impresión

El pueblo de Santa Teresa era claramente más turístico que Castelsardo. Es también más pequeño, y cuenta con una buena colección de restaurantes de calidad, distribuidos al rededor de su plaza principal y de un par de calles semi-peatonales repletas de tiendas de souvenirs. Nosotros paramos a comer y a visitar brevemente la Torre de Longosardo, levantada por nuestros antepasados españoles en el siglo XVI como parte de un sistema defensivo anti-piratas.

Torre defensiva de Longosardo, en Santa Teresa de Gallure
Vistas de la playa de Santa Teresa

Después de comer, de regreso a Castelsardo, nos desviamos a conocer una de las playas más emblemáticas y exclusivas de la zona, la Playa de Li Cossi. Es exclusiva porque el acceso se hace a pie, después de recorrer unos 3 kilometros por una vereda que discurre junto al acantilado. La verdad es que el recorrido es duro, en especial cuando lo haces en julio y a las cuatro de la tarde, pero el paisaje merece la pena.

Detalle del litoral y la senda por donde se accede a Li Cossi

Cuando alcanzas la cala, lo que sorprende es ver tantísima gente allí. Es lo que tiene el turismo, todos nos informamos de los sitios más bonitos y exclusivos, y muchos decidimos ir a ellos el mismo día y a la misma hora.

Cala de Li Cossi, llena de gente
Vista de la cala desde el chiringuito

La cala es bonita en su conjunto, muy protegida por el litoral montañoso y con playa de arena. Prácticamente no tiene servicios, excepción hecha de un pequeño chiringuito/lido que fue mi salvación, no por tomar algo de beber, sino porque me picó una medusa y me prestaron un remedio para controlar la urticaria y el dolor.

Vista de la playa y de la escalera por la que se accede

Cala Luna y otros sitios de interés al este de la isla

Al día siguiente teníamos planeado cruzar la isla en coche para acercarnos al pueblo de Cala Gonone y tomar allí un barco turístico que nos acercaría a conocer diversos puntos de interés de esa parte de la isla, el Golfo de Orosei. El recorrido en coche fue de dos horas, y nos permitió conocer el interior de Cerdeña, una isla de marcado carácter rural y poco habitada en su conjunto.

Excursión por el Golfo de Orosei

Cala Gonone es uno de los destinos turísticos de Cerdeña, y desde allí parten innumerables barcos y lanchas de todo tipo y tamaño para realizar excursiones marítimas en la parte este del litoral. Es una zona que no es accesible por carretera, por lo que las calas y playas que hay están protegidas y la calidad del agua es excepcional.

Las calas de l golfo de Orosei no son accesibles por carretera

La cala más renombrada a visitar es la de Cala Luna, característica por sus cuevas o grutas naturales en la falda del acantilado. Antes de llegar a Cala Luna ya se divisan varias grutas de gran tamaño, alguna de las cuales son visitables pero es preciso reservar una excursión específica para ello.

El litoral está plagado de cuevas y grutas, alguna visitable, como la del Bue Marino
Playa de Cala Luna, antes de atracar

Cala Luna y el resto de calas son también «exclusivas» porque principalmente se tiene que acceder por el mar (se podría acceder también haciendo senderismo), pero no por el número de gente que las visita. Al final, los barcos turísticos montan alrededor de 120 pasajeros y son varios barcos los que realizan excursiones. Y a ellos hay que añadir los barcos privados o particulares.

Una delas cuevas de Cala Luna
Playa de Cala Luna

Pero la verdad es que las playas y el agua siguen estando impecables, es una autentica maravilla navegar por ese litoral y se agradece el disfrutar de parajes semi-salvajes, nada urbanizados y con una remarcable tranquilidad.

Embarcación típica en Cala Luna

El barco se aproximó a la costa para dejarnos bajar y bañarnos no solo en Cala Luna, sino también en Cala Mariolu y en Cala Sisine. A mi me gustó Cala Mariolu incluso más que Cala Luna, al ser más recogida y estar más protegida por la montaña. El baño en esa cala fue fantástico y me recordó a las playas de las islas Seychelles.

Una de las playas de Cala Mariolu
La segunda playa de Cala Mariolu
Cala Mariolu y su agua transparente

Cala Sisine fue la más floja de las tres, aunque también es cierto que ya estábamos de regreso y ese último baño lo podíamos haber perdonado. El trayecto en barco entre cala y cala nos permitió también contemplar un par de puntos de interés remarcables, como Cala Goloritze y las Piscinas de Venus.

La playa de guijarros de Cala Sisine
Cala Biriola, una de las destacadas del litoral

En Cala Goloritze, además de una pequeña y bonita cala, se puede contemplar un par de formaciones rocosas destacables. Una de ellas es la denominada Aguja y la otra es un Arco natural formado en una punta que se adentra en el mar.

Una de las calas próximas a Cala Goloritze
La Aguja de Cala Goloritze, y a su pie la misma cala
Arco natural en Cala Goloritze

Las Piscinas de Venere (Venus, en italiano) no son más que zonas del mar con un color azul celeste que contrastan con el verde esmeralda y el verde más oscuro que las circunda. El color azul se debe al fondo de arena o roca blanca, pero es fácil identificarlas por los numerosos barcos que fondean en ellas. Eran muy similares a la zona frente a La Pelosa en la que fondeamos y nos bañamos dos días antes.

Piscinas de Venus, con multitud de embarcaciones fondeadas

Costa Esmeralda y Porto Cervo, destinos de lujo en la Cerdeña

Nuestra siguiente jornada la dedicamos a recorrer brevemente Costa Esmeralda, una zona veraniega de lujo en el noreste de la isla, quizás la más renombrada y famosa, especialmente entre el turismo extranjero. Nos acercamos en coche, y conforme entrabamos en la zona era fácil darse cuenta de cómo aumentaba la calidad de las urbanizaciones e infraestructura.

Costa Esmeralda es claramente la zona más distinguida de la isla

Hicimos nuestra primera parada en una de las playas más recomendadas, la Playa de Capriccioli. En realidad, esta playa se ubica en una punta que se adentra en el mar y se divide en cuatro pequeñas calas, denominadas acordemente al punto cardinal más próximo. Nosotros nos bañamos en Capriccioli Sud, y aunque el baño fue agradable, para ser sinceros tampoco nos pareció una buena playa ya que había bastante roca y el acceso no era muy cómodo.

Playa de Capriccioli Sud

Hice una rápida escapada para ver la playa Norte, y me pareció bastante mejor que la que nosotros habíamos elegido, aunque también estaba mucho más ocupada.

Capriccioli Nord

Posteriormente nos acercamos a Porto Cervo, la localidad más conocida de toda Costa Esmeralda, principalmente por tratarse de un pequeño puerto deportivo que alberga yates de lujo y una urbanización de alto standing. Es una especie de Puerto Banus italiano, aunque más pequeño y menos lujoso.

La Piazza de Porto Cervo

Porto Cervo es algo más antiguo que Puerto Banus, y fue financiado por el Aga Khan que eligió esta localidad como destino de lujo en el Mediterráneo. Hoy en día, su marina sigue albergando grandes yates y el lujo y la exclusividad siguen presentes en sus tiendas y restaurantes.

El Puerto Antiguo con unos cuantos yates atacados
Restaurantes y pubs de lujo en la marina de Porto Cervo

Después de comer en Porto Cervo nos fuimos de nuevo a la playa, en esta ocasión a una situada al norte de la ciudad. Lo cierto es que no teníamos pensado dónde ir, así que este trayecto nos sirvió para explorar un poco la zona de Costa Esmeralda y pasear en coche por sus elegantes y cuidadas urbanizaciones.

Una de las urbanizaciones de lujo

Al final, aparcamos el coche en una urbanización y nos acercamos a la Playa de Liscia di Vacca, que resultó ser una playa familiar muy bonita y con todo tipo de servicios, donde nos dimos un agradable baño y nos tomamos un café antes de regresar a Castelsardo.

Playa de Liscia di Vacca, al norte de Porto Cervo
El agua cristalina sigue siendo la norma

El Archipiélago de La Magdalena

La tercera excursión marítima de esta gira la hicimos para conocer el también famoso Archipiélago de La Magdalena, un conjunto de islas e islotes situado al noreste de Cerdeña que es conocido por sus aguas cristalinas.

Archipiélago de La Magdalena, para ser recorrido en barco

El punto de partida de la excursión fue la ciudad de Palau, donde nos embarcamos en otro barco turístico que en un recorrido de cuatro horas nos llevó a visitar diferentes islas, calas y sitios de interés de la zona.

Puerto de la ciudad de Palau, desde donde zarpamos

Nada más salir del puerto de Palau, pudimos contemplar un pequeño poblado de estilo andaluz y con un puertecito muy coqueto. Se trata de Puerto Rafael, diseñado y construido por un noble español.

Porto Rafael, al fondo

El trayecto en barco nos permitió contemplar de cerca la formación geológica tan característica de este área, del mismo mineral que el que habíamos visto en Capo Testa.

Detalles de la morfología de las islas e islotes

Además, el barco fondeó en una zona protegida entre islas y nos dimos un buen y agradable baño, aunque volver a subir al barco fue toda una odisea.

Punto en el que fondeamos para bañarnos

La verdad es que es un paraje bien bonito, pero también es cierto que algo sobrevalorado. Uno de los puntos más renombrados es el de la Playa Rossa, que debe su nombre al «supuesto» color rojizo de la arena. Se ha prohibido el acceso para proteger tan exclusiva arena, pero la verdad es que el rojo de la arena no se aprecia ya y por eso tampoco nos impresionó tanto.

La playa de Cala Rossa, totalmente protegida

Antes de hacer el atraque en Cala Santa María para darnos un paseo y un buen baño, pasamos con el barco por otras piscinas marinas, las de la isla de Budelli. Como ya habíamos visitado las de la costa este, tampoco nos llamaron tanto la atención, aunque siguen siendo atractivas.

Piscinas de Budelli

La parada larga la hicimos en Cala Santa María, en la isla del mismo nombre. Es una de las pocas playas abiertas al público general, y por tanto demasiado masificada, a pesar de que la única forma de acceder es por barco. Independientemente de eso, el agua cristalina estaba en su punto, como siempre.

Cala Santa María
Otra zona de la Cala Santa María

Después embarcamos de nuevo con rumbo a la Isola Spargi, en concreto a las proximidades de Cala Corsara, donde además de contemplar una de las calas más bonitas del archipiélago, pudimos observar algunas formaciones rocosas con formas curiosas. Se vuelve a confirmar que allá donde se ven fondeados veleros, lanchas y pequeños yates es donde la naturaleza destaca.

Proximidades de Cala Corsara
Rocas con formas curiosas en un mar transparente

Para finalizar la excursión, hicimos una última parada en la ciudad de La Magdalena, donde dimos un corto paseo por su centro histórico y disfrutamos de un buen café y un helado artesanal delicioso.

Alguero y la Gruta de Neptuno

Nuestro último día en la isla, antes de partir hacia Sicilia, lo dedicamos a conocer la coqueta ciudad de Alguero, también conocida como la «Barceloneta sarda», porque alrededor de un 20% de su población habla el catalán. Es la tercera ciudad en importancia de Cerdeña, y según muchos, la más bonita.

Panorámica de Alguero desde el mar

Alguero debe su encanto a su entorno portuario y a su centro histórico, asentado sobre una fortaleza construida por los españoles de la Corona de Aragón en el siglo XVI, bajo el reinado de Fernando el Católico. La ciudad mantiene los colores de la corona aragonesa en su bandera.

Puerto de Alguero, donde se aprecia la ciudad amurallada

Se trata de un sistema defensivo de murallas, bastiones y torres de vigilancia que rodeaba y protegía la ciudad de los múltiples ataques de los piratas sarracenos. Hoy en día, aun permanece alzado un 70% del perímetro, el cual se puede recorrer paseando. Se exponen algunos cañones y catapultas, para visibilizar mejor cómo se ejercía la defensa de la ciudad.

Muestra del sistema defensivo de torres y bastiones
Réplica de una Catapulta

El casco antiguo conserva un sabor medieval y lo conforma un conjunto de calles y plazas típicas, en las que se ubican iglesias y palacios nobiliarios de la época. Muchos de estos edificios son hoy por hoy restaurantes, hoteles o tiendas ocupadas por turistas de todas partes.

Una de las calles del casco histórico de Alguero

La catedral de Santa María decepciona un poco en su exterior, en particular en su fachada principal de estilo neoclásico, al ser más simple de lo habitual. Aunque comenzó a ser construida en el siglo XVI en estilo gótico su fachada principal se acabó en el siglo XIX en estilo neoclásico. Su interior, de estilo renacentista, tampoco destaca mucho.

Fachada principal de la Catedral de Alguero
Interior de la Catedral de Santa María (altar mayor)

Alguero es conocida también por su coral rojo, con el que se hacen collares, pulseras y artículos de recuerdo de todo tipo. Hay muchas tiendas de souvenir que venden esos artículos, y hasta un museo dedicado al coral, que se extrae de la costa adyacente.

Torre de Porta Terra, la entrada principal a la ciudad antigua

El litoral de esta parte de la isla es también bastante rocoso, y en su geología predomina la roca calcárea. Una de las atracciones turísticas más renombrada de Alguero es la Gruta de Neptuno, una gruta a nivel del mar repleta de estalactitas y estalagmitas con más de dos millones de años de antigüedad.

Cabo Caccia, debajo del cual se encuentra la gruta

Se puede acceder bajando una escalera de 660 escalones y caminando por un sendero. O bien tomar un barco desde Alguero, que atraca directamente en la boca de entrada a la gruta. Nosotros elegimos esta última opción, para disfrutar una vez más de la navegación por las limpias aguas del Mediterráneo.

Acceso a la gruta desde el mar

La gruta tiene unos 4 kilómetros de profundidad, pero solo son visitables unos 400 metros. La visita guiada lleva al visitante a contemplar formaciones calcáreas únicas, a través de un estrecho sendero de ida y vuelta, situadas en distintas zonas de la gruta.

La gruta acoge lagos y formaciones calcáreas muy bonitas
Muestra de las estalactitas y estalagmitas milenarias
Solo 400 metros de la gruta son visitables

Lo cierto es que esta visita fue una buena forma de cerrar nuestra gira por Cerdeña. El trayecto en barco nos recordó las distintas excursiones que habíamos hecho esos días y pudimos contemplar nuevamente la morfología de la isla y la belleza de su litoral y de su mar. Cerdeña es sin lugar a dudas una bella isla para ser disfrutada especialmente en verano y, a ser posible, circunvalarla navegando a bordo de un barco.

Mar, acantilados y barcos….un buen resumen de La Cerdeña

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